6 charlas TED tremendamente inspiradoras

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TED es una organización sin ánimo de lucro que organiza congresos y charlas, eventos en los que invita a las personalidades más destacadas dentro de cada ámbito: cultural, artístico, político, científico, tecnológico, etc. La filosofía de estas charlas gira en torno al slogan de la organización: “Ideas worth spreading” (ideas que merecen ser difundidas).

Con los años, las charlas TED se han convertido en toda una referencia. El formato de las charlas, que no suelen superar los 20 minutos, y la cautivadora personalidad de los que exponen, hacen que estas charlas sean pequeñas piezas de un valor humano absolutamente tremendo.

En las charlas TED se reúne la creme de la creme del mundo entero, y la visión que aporta cada uno de los conferenciantes es única y tremendamente poderosa.

A menudo me pongo a ver alguna de las charlas TED. Lo hago a veces por pura diversión; otras veces hacerlo es un empujón de motivación impresionante.

Aunque el nivel de las charlas es en general bastante alto, hay un puñado de charlas que destacan por encima de las demás. He pensado que sería una fantástica idea reunir mis 6 charlas preferidas de TED. Estas 6 charlas son extremadamente interesantes por lo que dicen, cómo lo dicen y el efecto que provoca en el espectador.

Si estás en uno de esos momentos de bajón, o simplemente quieres pasar un buen rato escuchando a gente muy inteligente y todo lo que tienen que decirte, te recomiendo que veas estas 6 charlas TED.

“Mi derrame de iluminación”: Jill Bolte Taylor

Jill Bolte Taylor es neuroanatomista e investigadora del cérebro. Un día, Jill sufrió un derrame cerebral que le llevó a 8 largos años de recuperación de todas sus facultades físicas y mentales.

Jill relata en esta charla la sensación que tuvo al sufrir el ataque. Pero lo sorprendente de la charla es la manera en cómo Jill relata su experiencia, desde un punto de vista sensorial y tremendamente emocionante, para acabar dando una auténtica lección inolvidable sobre el valor de la vida, y el poder del ser humano como fuerza creadora en el universo.

“Las escuelas matan la creatividad”: Ken Robinson

Esta es una de mis charlas TED favoritas. Ken Robinson, educador y escritor británico, ha dedicado varias obras y años de empeño en realzar la importancia de la creatividad en el sistema educativo.

En esta charla, tremendamente divertida y entretenida, Ken explica cómo funcionan los sistemas educativos actualmente, herederos de una revolución industrial que prepara a los niños para una futura salida laboral. En el proceso, se mata la creatividad de los niños, se estigmatizan sus errores y se les enseña a hacer lo que se supone que deben hacer, en vez de educarles para que hagan aquello que realmente desean hacer, lo que les motiva, les llena y les estimula.

Es una de las charlas TED más populares, más vistas y más comentadas, y por supuesto una de las más interesantes, pues Ken Robinson da en el clavo a la hora de analizar la esencia del problema de la educación en las sociedades modernas.

“Las 3 cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba”: Ric Elias

Esta charla se ha hecho popular a raíz del reciente “accidente” del avión de Germanwings en los Alpes franceses, y un vídeo de Pablo Motos en el que habla sobre él.

En 5 minutos, el empresario Ric Elias narra su vivencia como superviviente del accidente que sufrió el vuelo US Airways 1549, cuando de repente el avión sufrió una avería y el piloto se vio obligado a realizar una maniobra heroica: un aterrizaje de emergencia en pleno río Hudson.

Ric explica cómo este suceso le cambió la vida, y de qué manera la perspectiva de una muerte inmediata le enseñó lecciones vitales: todo cambia en un instante, elimina la energía negativa de tu vida y conviértete en la mejor persona que puedas llegar a ser.

“El mejor regalo”: Stacey Kramer

Esta charla es tremenda. Son apenas 3 minutos, pero a Stacey Kramer le sobra y le basta para emocionar hasta el tuétano con esta historia de superación personal tras un evento que le cambió la vida.

Funciona a modo de mini-píldora contra la depresión y la apatía. Si estás en uno de esos días, mira este vídeo. Probablemente te den ganas de saltar por la ventana para salir ahí afuera y comerte el mundo.

“Nunca, jamás te rindas”: Diana Nyad

En septiembre de 2013, Diana Nyad cumple su sueño: recorre a nado la distancia que separa Cuba de Florida, 164 kilómetros, a sus 64 años de edad y tras haberlo intentado en otras cuatro ocasiones a lo largo de su vida.

La proeza le hace merecedora de todo tipo de elogios, Obama la invita a la Casa Blanca, concede decenas de entrevistas y firma un contrato editorial para publicar una obra relatando su experiencia. Sin embargo, Diana insiste en que, más importante que el destino final, es el camino recorrido. Más que la consecución del objetivo, es en el tipo de persona en la que te conviertes al cumplir con ese objetivo, al ser tenaz, audaz, valiente.

Me encanta el relato de Diana, la musicalidad y claridad de sus palabras, como si de una narradora se tratara, la firmeza de sus convicciones y el poder de sus palabras cuando afirma que nunca jamás se ha rendido, y nos invita a todos los demás a hacer lo mismo.

Una charla espectacular, imprescindible.

“El poder transformador de la música clásica”: Benjamin Zander

Mi charla TED favorita. El director de orquesta Benjamin Zander empieza su charla asegurando que va a coseguir que ninguno de los allí presentes se marche de la sala sin amar la música clásica, y lo cierto es que lo consigue. Desde ese prometedor inicio, Benjamin conquista al público y lo hipnotiza con un speech tremendo, en el que combina música clásica, humor y pensamientos sobre la vida, dando como resultado uno de los discursos más conmovedores que he escuchado nunca.

Siempre acabo soltando alguna lagrimilla con este vídeo. Es absolutamente impresionante la pasión con la que habla Benjamin sobre su profesión, sobre el poder transformador de la música, y cómo lo entremezcla todo con poderosas lecciones acerca del liderazgo y la función que debe ejercer este: inspirar a las personas que nos rodean para trabajar por un mundo mejor.

Desde el minuto 1 al 20, este es un vídeo imprescindible, y una charla que todos deberíamos ver alguna vez en nuestra vida.

TED tiene más de 1.000 charlas como esta, así que obviamente no he podido verlas todas. Así pues, si tú también eres un fan de las charlas TED, y crees que hay alguna merecedora de entrar en esta lista, te invito a que la compartas dejando un comentario.

Las 6 características que busco en mis negocios online

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A lo largo de esta serie de artículos sobre emprendimiento te he estado hablando acerca de las tremendas transformaciones que está experimentando el viejo modelo de trabajo, al que me gusta calificar como antiguo paradigma.

Envalentonados por la posibilidad de librarse de las cadenas del trabajo esclavo, ganar libertad y poder dedicarnos a lo que nos apasiona, miles de personas se han decidido por la vía del emprendimiento.

A nadie le extraña si digo que el emprendimiento está de moda, sobre todo desde que estalló la crisis del 2008. Oímos hablar de emprendedores en el telediario, leemos casos de éxito en el periódico, y cada fin de semana se celebran congresos y seminarios sobre emprendimiento.

Como ya sabrás si has leído el resto de artículos de la serie, en 2013 decidí dejar un trabajo que detestaba para emprender diversos negocios online. Quizás debido a limitaciones auto impuestas jamás pensé en mí mismo como una persona con un perfil emprendedor, pero todo cambió cuando leí por primera vez acerca de los nuevos ricos, ingresos pasivos y libertad financiera.

De repente, una nueva realidad cobró sentido ante mí, y me di cuenta de que era aquello, y no otra cosa, lo que casaba con mi forma de ver la vida y de vivirla.

Desde entonces me he dedicado a la creación de distintos tipos de activos con los que generar ingresos pasivos. Recientemente, y ante el aumento considerable en mis ingresos, he dado el salto definitivo, dándome de alta como autónomo.

En este artículo final de la serie, me gustaría explicarte un poco mi punto de vista sobre el emprendimiento y mi experiencia creando negocios online.

Espero poder despejar así muchas dudas al respecto, además de aclarar algunas ideas y conceptos equivocados que se tienen sobre los negocios online y lo que implican.

¿Qué es emprender?

¿Sabías que Bill Gates abandonó la universidad para programar en el garaje de su padre un nuevo lenguaje informático que sería la base del actual Windows?.

En un garaje fundaron también Larry Page y Sergey Brin la primera sede social de Google. ¿Te imaginas qué pensaríamos aquí en España de alguien que deja sus estudios para ponerse a programar en un garaje? Probablemente que es un freak y un bala perdida.

emprendimiento

En España, el término emprender se entiende como el acto de montar una empresa, pero el término tiene un significado más amplio, y abarca cualquier acción a la que damos inicio con el objetivo de alcanzar una meta de envergadura para nosotros y que supone un gran esfuerzo o una dificultad intrínseca.

Así pues, emprender puede ser irse a vivir a Inglaterra sin tener ni papa de inglés, o prepararse para la Marathón des Sables sin haber hecho ejercicio en tu vida.

En cualquier caso, no se entiende el emprendimiento de cualquier tipo si no supone una mejora sustancial de tu calidad de vida.

Digo esto porque es frecuente el caso de emprendedores que se obsesionan con la idea de crear el nuevo Facebook o el nuevo Google, para acabar atados de pies y manos a créditos de bancos e inversores, esclavizados de peor manera que si trabajaran como asalariados.

Emprendimiento online

El emprendimiento online es muy simple: consiste en emprender un negocio en Internet.

Crear un negocio online es, en mi opinión, mucho más atractivo y ventajoso que montar una empresa física:

  • La inversión inicial es mucho menor: Ahorras costes del local y no tienes que pelearte con los bancos para que te den un crédito
  • Supone menos riesgos: Puesto que evitas tener que hipotecarte, el riesgo es mucho menor en el caso que el negocio no funcione
  • Llegas a más gente: Internet abarca un público mundial de millones de personas, mientras que un local físico está limitado a su ámbito geográfico
  • Ganas más libertad: Para crear tu negocio online únicamente necesitas un ordenador con conexión a Internet. Puedes trabajar a tu ritmo, desde cualquier lugar del mundo.

¿Significa esto que emprender en Internet es un camino de rosas? Ni hablar, crear negocios online es muy complejo, requiere una exquisita atención al detalle y no es para cualquier persona.

¿Cómo es el perfil de un emprendedor online? Para mí, debe tener las siguientes cualidades:

  • Ha de ser un experto en su nicho: La gente busca soluciones concretas para nichos muy especializados, y para estas soluciones siempre suele acudir a los expertos de ese nicho. ¿Eres un experto en algo? Si no eres el mayor experto dentro de tu nicho no pasa nada, es suficiente con saber más que otras personas dentro de una temática concreta.
  • Ha de ser versátil: Generalmente, un emprendedor online domina diversas habilidades versátiles. Suelen ser personas que saben escribir, que saben montar una página web y que tienen algo de comerciales.
  • Debe transmitir confianza: Estamos muy bien educados en el consumo, y sabemos detectar muy bien cuándo intentan vendernos la moto y cuándo no. Empresas como Apple aplican esto a la perfección, haciendo sentir a sus clientes que forman parte de una familia, e incluso Amazon, que se ha convertido en un imperio debido al boca a boca por su insuperable servicio post venta.
  • Sin miedo a la incertidumbre: La creación de un negocio implica un alto grado de incertidumbre. Nunca sabremos si el negocio funcionará, si nuestra idea es buena, si podremos superar a la competencia o si lo que sirve hoy dejará de servir mañana. Esta incertidumbre forma parte del juego y hay que aceptarla.
  • Será alguien entusiasta: Se acabaron los tiempos de aburrirse en el trabajo y mirar el reloj pensando en la hora de salir del curro. El emprendedor online trabaja en proyectos ilusionantes y motivadores, y no observa su propio trabajo como una obligación sino como un placer.

¿Qué características busco en mis negocios online?

No todos los negocios que pueden iniciarse en Internet son los más recomendables. Por ejemplo, ahora mismo no recomendaría a nadie abrir una web de ecommerce a no ser que sus productos se distribuyan también dentro de Amazon, o que esté centrada en un nicho muy específico y donde no haya mucha competencia.

A grandes rasgos, esto es lo que yo busco en un negocio online para considerar meterme en él:

  • Que tenga un alto grado de pasividad: si lo que busco al crear negocios online es ganar más libertad, necesito de manera imperiosa poder crear un negocio que funcione de manera pasiva, es decir, que una vez creado funcione por sí solo.
  • Que sea escalable: Hablamos de escalabilidad cuando el volumen de venta de un negocio puede ser ampliado sin necesidad de aumentar sus costes. La idea de la escalabilidad es, básicamente poder hacer más con menos.
  • Que sea rentable: Debo asegurarme que el negocio online en el que me meto tenga una rentabilidad probada y testada. Investiga lo que han hecho otros y mira a ver cómo de rentable les ha salido.
  • Que aporte valor: Una de las claves para que un negocio online funcione es resolver necesidades y aportar valor al usuario. Los negocios online cuya único objetivo es hacer dinero (por ejemplo los sistemas piramidales) están condenados al fracaso tarde o temprano.
  • Que sean duraderos: Es necesario que sea un negocio duradero. Para ello, busco negocios en los que pueda enfocarme en temáticas atemporales y que no pasen de moda.
  • Que me apasione: Obviamente, de poco me sirve montar un negocio online si no disfruto haciéndolo y si no me apasiona trabajar en él.

¿Qué negocios online cumplen esos requisitos?

Ateniendo a esta lista de características, estos son los negocios online que más puntos reúnen de los antes descritos:

  • Blogs y páginas web: El negocio online por excelencia. Creas un blog con información donde resuelvas una necesidad y lo monetizas con publicidad o enlaces de afiliados.
  • eBooks: Escribes un eBook y lo pones a la venta en Amazon, iBooks, Kobo o cualquier otra plataforma de autopublicación. Si el eBook es bueno y su temática es atemporal, puede venderse durante muchos años.
  • Cursos online: En páginas como Udemy o Floqq puedes crear un curso sobre una temática que domines. Hay personas dispuestas a pagar mucho dinero por un curso si este es bueno.
  • Plantillas y plugins para CMS: Un negocio perfecto si eres programador o diseñador. Con la cantidad enorme de CSM que existen actualmente (WordPress, Joomla, Drupal) hay una fuerte demanda de plantillas y plugins.

Ingresos pasivos: una forma inteligente de ganar dinero

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Descubrí el concepto de ingresos pasivos cuando oí hablar por primera vez de los nuevos ricos. Desde entonces, mi visión sobre el mundo y el trabajo jamás ha vuelto a ser la misma.

La primera vez que oí hablar sobre ingresos pasivos no podía entender como algo de una lógica tan aplastante había pasado desapercibido para mí. Es una idea reveladora para quien la descubre por primera vez, y que trastoca por completo la idea que se tiene acerca del rendimiento del trabajo.

Pero empecemos por lo más básico: ¿Qué son los ingresos pasivos? 

Los ingresos pasivos son ganancias derivadas del trabajo realizado una sola vez. Explicado de otra forma, se trata de crear un activo que funcione por sí solo, es decir, que no necesite tu presencia o supervisión constante.

Te pongo algunos ejemplos:

  • El artista que ingresa dinero por el uso de los derechos de autor de sus obras.
  • Tener un local o una casa y ponerla en alquiler.
  • El escritor que escribe un libro y lo tiene a la venta durante años.
  • El fotógrafo que pone una foto en un banco de imágenes y que cobra royalties cada vez que alguien la compra.

Como ves, en este tipo de activos logramos obtener rendimiento económico del trabajo realizado una sola vez. A diferencia del trabajo asalariado convencional, en el que intercambias tu tiempo por dinero, con los ingresos pasivos puedes trabajar una vez, crear un activo que funcione por sí solo y que te de dinero el resto de tu vida, incluso mientras duermes.

El principal beneficio de este tipo de ingreso es fácil de imaginar: mayor libertad, y por lo tanto una mayor satisfacción personal, al ganar tiempo libre para poder dedicarlo a lo que te apasiona.

Por qué ganar dinero mediante ingresos pasivos es más inteligente que ganarlo como asalariado

Quiero ponerte un ejemplo para que, con números en la mano, veas la enorme diferencia existente entre el rendimiento de un activo pasivo y el dinero obtenido trabajando como asalariado.

Imagina que en tu trabajo por cuenta ajena tienes un sueldo de 8€ la hora. Trabajando 40 horas a la semana, obtendremos un sueldo mensual de 1280€. El total de horas trabajadas ese mes será de 160. Así pues, necesitas 160 horas de tu vida para generar 1280€.

Ahora bien, imagina que creas un infoproducto (un eBook o un curso online) y lo vendes en cualquier plataforma online. Para crear ese producto inviertes una semana de trabajo, y el total de horas empleadas para crearlo han sido 70. Imagina que ese producto te está dando 30€ mensuales.

Evidentemente, hay mucha diferencia entre los 1280€ del trabajo convencional y los 30€ del producto que has creado, pero la diferencia entre ambos es que este último va a seguir generando ingresos mientras nos dedicamos a otra cosa. En cambio, con el trabajo como asalariado debes seguir trabajando a diario para ganar dinero.

La diferencia entre ambos trabajos es que uno es estático: te obliga a una presencia continua en la oficina o tu puesto de trabajo. El otro es dinámico, y genera un flujo de ingresos sin necesidad de dedicarle más atención.

Echemos cuentas ampliando la perspectiva a unos 5 años. Con el trabajo convencional, aquellas 160 horas te generaron solo 1280€. Con el infoproducto, 70 horas de trabajo te han generado 1800€ en 5 años. Ahora calcula cuánto dinero podrían darte 10 infoproductos como el primero que creaste.

cómo generar ingresos pasivos

Ya te lo digo yo, con 10 más como ese, en 5 años habrías ganado 18.000€. Ojo, todo ese dinero con tan solo 700 horas empleadas, el equivalente a 4 meses de trabajo “convencional”. Es decir, con 4 meses de trabajo “convencional” has generado 5.120€ en 5 años, mientras que trabajando cuatro meses para crear infoproductos y venderlos en Internet has generado 18.000€ en la misma cantidad de tiempo.

Y todo esto con el añadido de que has tenido más tiempo para disfrutar de tu familia, de tus amigos y de tus hobbies, por no hablar de todo el inmenso tiempo que has tenido para seguir creando otros productos o cualquier negocio de ingresos pasivos con el que seguir ganando más y más dinero. ¿Alucinante verdad?

Generar ingresos pasivos NO es fácil

Mucha gente asocia el concepto de ingresos pasivos con trabajar poco y ganar dinero fácilmente hasta alcanzar la libertad financiera y vivir de rentas a partir de entonces. Lo cierto es que el camino auténtico dista mucho de ser ese.

Hoy en día generar ingresos pasivos es más factible que nunca gracias a Internet. En la red de redes pueden crearse múltiples activos de tipo pasivo, y lo bueno es que cualquiera puede crear un activo pasivo. Sin embargo, no es una tarea especialmente sencilla.

Crear un activo pasivo en Internet y que te de dinero de manera prolongada en el tiempo es mucho más difícil de lo que crees: requiere dedicarle muchas horas, ya sea aprendiendo sobre marketing online o trabajando para crear el activo, y en muchas ocasiones requiere una inversión inicial.

La diferencia es que, una vez tengamos todo ese trabajo hecho, podemos delegar el mantenimiento del negocio en otras personas, y mientras tanto ese negocio nos reportará ingresos durante años.

Está extendida la creencia de que trabajar en este tipo de negocios es para vividores que quieren ganar dinero trabajando lo mínimo, pero lo que no saben quienes afirman esto es que la gran mayoría de emprendedores que generan ingresos pasivos trabajaron en su momento mucho más que cualquier empleado por cuenta ajena.

[ecko_quote source=”Anónimo”]Emprender es vivir durante unos años como mucha gente no lo haría para poder vivir el resto de tu vida como la gente no puede[/ecko_quote]

La mayoría de las personas que conozco y que ganan dinero en Internet no son personas perezosas, sino las personas más trabajadoras, proactivas y entusiastas que he conocido en toda mi vida.

Lo que hicieron la gran mayoría de ellos, lejos de tumbarse a la bartola una vez han logrado crear un activo, fue seguir trabajando en crear otros activos o mejorar los que ya tenían para que estos  les siguieran reportando más y más beneficios (concepto de escalabilidad, ya veremos qué significa).

Mi experiencia al dejar el trabajo para emprender

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En Mayo de 2013 tomé una decisión que me cambió la vida. Decidí dejar el trabajo para emprender en Internet.

No fue una decisión fácil de tomar. Tuve que enfrentarme a muchos miedos, inseguridades y la presión social que juzga a quien decide tomar un camino distinto al que suelen tomar los demás.

La idea de dejar el trabajo está sujeta a todo tipo de opiniones, pero creo que solo puede hablarse con propiedad bajo la experiencia de uno mismo.

No pretendo con este artículo dar lecciones de nada. No es fácil hablar de dejar el trabajo a alguien con familia e hijos y ahogado por las deudas.

No obstante, creo que hay muchas personas en una tesitura similar a la mía por aquel entonces. Para ellos va dirigido este artículo.

Cómo saber cuándo es el momento de dejarlo

dejar el trabajo

He leído muchos artículos sobre cómo dejar un trabajo. Algunos de ellos me han escandalizado mientras los leía por la cantidad de consejos bienintencionados que ofrecen pero a la vez profundamente equivocados.

El mejor momento para dejar un trabajo no es cuando le conviene a la empresa o cuando le molestará menos la jefe; el mejor momento para dejarlo es cuando más te convenga a ti.

Si suena el despertador y tienes ganas de matar a alguien, o si llegas a casa después del trabajo y sientes asco de ti mismo: ese es el momento en el que sabes que has de dejar tu trabajo inmediatamente.

Existe un punto común en el que a las personas no les queda más remedio que actuar para cambiar una situación. Ese punto suele ser el límite de lo que estamos dispuestos a aguantar y sufrir.

Ese punto llegó para mí tras muchos años trabajando el empleos basura, absolutamente perdido y sin saber qué hacer. Créeme, decir que estaba perdido es poco.

Fue un proceso largo de maduración, hasta que llegó un día en el que dije basta y me di cuenta de que la vida es demasiado corta como para seguir tirándola por el retrete.

Elaborar o no un plan

Quizás te sorprenda saber que no tenía un plan demasiado elaborado acerca de lo que hacer después de dejar mi trabajo.

Acostumbrados como estamos la mayoría a pensar demasiado y experimentar muy poco, decidí seguir la máxima que dice “actúa primero, ya pensarás después”.

En mi propia experiencia, cuantas más vueltas le damos a una idea más probabilidades hay de que acabemos desechando esa idea.

El motivo es que tendemos a menospreciar lo que nos dice la intuición, por un exceso de razonamiento lógico típico de las sociedades occidentales, donde reprimimos nuestros impulsos para no molestar a los demás.

De hecho, son cada vez más los estudios que demuestran un grado de acierto mucho mayor por parte del instinto intuitivo que por parte del pensamiento lógico. En concreto, un grado de acierto del 90%.

Cuando dejé el trabajo lo único que tenía claro es que quería investigar, formarme y leer mucho sobre cómo arrancar un negocio online y emprender en Internet.

La conclusión es que no necesitas un plan ajustado a medida de lo que has de hacer, sino simplemente tener una idea de a donde quieres dirigirte.

Los consejos de los demás no pagarán tus facturas

Cuando comuniqué mi decisión a familiares y amigos recibí opiniones de todo tipo. No obstante, la mayoría eran opiniones contrarias a mi decisión.

“Estás loco”, “no se puede dejar un trabajo en época de crisis”. La mayoría de consejos que te darán serán bienintencionados, pero te harán más daño que beneficio.

Debes tener muy claro que las opiniones de los demás son proyecciones de su propio pensamiento; también sus miedos. Así pues, cuando alguien te dice que es una locura dejar el trabajo, lo único que hace es proyectar el miedo que esa persona tendría en una situación similar a la tuya.

Especialmente importante son para nosotros las opiniones de nuestros padres, por la ascendencia que tienen sobre nosotros. Generalmente, la opinión de tus padres será conservadora en este sentido.

Piénsalo, ellos vienen de una época donde era primordial alcanzar un estatus social, y para ello la estabilidad laboral era clave. Pero la época de tus padres se parece más bien poco a la nuestra.

Si las personas más allegadas desconfían de tus posibles logros, redobla los esfuerzos y confía más que nunca en tus posibilidades. La desconfianza se transforma rápido en admiración cuando las personas emprenden un camino con una fe inquebrantable.

Sigue siempre esta filosofía de vida: “las opiniones de los demás no pagarán tus facturas“. Esta frase se la he robado a Andrea Rojas, una compañera blogger y emprendedora.

Miedo a la incertidumbre

El principal miedo al que te enfrentas cuando dejas el trabajo es el miedo a la incertidumbre. Esta suele abordar tu mente en forma de pensamientos catastróficos: “¿Qué va a ser de mi?“, “¿Encontraré otro trabajo?“, “¿Me moriré de hambre?“, “¿Acabaré viviendo debajo de un puente?“.

La mayoría de pensamientos de este tipo son infundados. Por supuesto que yo también los tuve, pero me di cuenta al poco tiempo de lo absurdos que eran. ¿Quieres saber por qué?

Cuando alguien tiene muy claro a dónde se dirige, la mayoría de las cosas que podrían salir mal suelen salir bien.

No tiene nada que ver con una idea mística extraída de un libro de Paulo Coelho; todo se reduce al hecho de que tus acciones, cuando tienen una motivación extraordinaria detrás, te conducen de manera irremediable al éxito, debido al empeño, la ilusión y el esfuerzo que le dedicas, a veces casi sin darte cuenta.

Cuando deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira a tu favor

Es de esta manera como la incertidumbre deja de ser un enemigo para convertirse en un arma que puedes aprovechar a tu favor.

La incertidumbre que se apoderaba de mí al descender por última vez las escaleras de mi antiguo trabajo con el finiquito en la mano se ha convertido, dos años después, en la certeza de que aquella fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Actualmente estoy ganando mucho más dinero con mis negocios online que en mi anterior trabajo.

Gracias a mi aventura como emprendedor he conocido a gente realmente espléndida, soñadora y vitalista.

Me he ganado el respeto y admiración de muchas personas a mi alrededor que dudaban de mi talento y mis capacidades.

He descubierto algo fascinante: la capacidad que tengo de sorprenderme a mí mismo, darme cuenta que soy una persona que puede lograr casi cualquier cosa que se proponga.

Hoy soy mejor persona que hace dos años: más sabia, más preparada, más madura.

Y todo esto lo conseguí pronunciando apenas un puñado de palabras: “Me voy de la empresa. Ahí os quedáis. Hasta nunca“.

Vivir sin trabajar. ¿Es posible?

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Miles, puede que millones de personas en el mundo entero se hayan formulado la misma pregunta en algún momento de su vida. ¿Es posible vivir sin trabajar?

Es normal que nos formulemos esta clase de preguntas. Vivimos en una época de la historia en la que ya no necesitamos sobrevivir a toda costa como nuestros antepasados, y empezamos a valorar hechos impensables hace apenas unas cuantas décadas, como nuestra satisfacción y realización personal.

Vivimos además en un mundo globalizado. Viajamos a países recónditos, tenemos fácil acceso a la información, estamos interconectados. Hemos conocido otras culturas, otras formas de vida, el mundo es ahora dinámico. Lo que servía años atrás ya no sirve actualmente.

La gente empieza a reconocer que el trabajo nos esclaviza. Cada vez son más las personas que dejan su vida atrás, trabajo y amigos incluidos, para viajar por el mundo. Se publican a un ritmo creciente nuevos libros sobre cómo descubrir tu vocación, cómo cambiar nuestras vidas y cómo vivir más para trabajar menos.

Los nuevos ricos

Mi vida ha ido dando bandazos de un lado para otro, hasta que leí acerca de los nuevos ricos. Este concepto fue revolucionario para mí.

Los nuevos ricos son personas independizadas económicamente, pero cuyo leit motiv no es la acumulación de riquezas, sino obtener tiempo libre para dedicarlo a viajar por el mundo, disfrutar de amistades y familia o trabajar en sus pasiones.

Leer a gente como Tim Ferris, Steve Pavlina o Ángel Alegre fue absolutamente revelador. Por primera vez en mi vida leía a gente con un pensamiento cercano al mío, que se atrevían a decir en voz alta cosas que yo llevaba pensando toda mi vida, pero que nunca me había atrevido a exponer ante los demás por miedo a que me llamaran idealista, vividor o vago.

Especialmente revelador fue leer el artículo de Steve Pavlina “10 Reasons You Should Never Get a Job“, donde se ofrecen diez motivos por los que no vale la pena trabajar por cuenta ajena. A continuación paso a resumir las ideas principales del artículo:

Una vía de ingresos para tontos

Según Steve, trabajar para otros representa la vía de ingresos más estúpida de todas. Y estoy completamente de acuerdo con él.

Cuando firmas un contrato de trabajo, te están obligando a cumplir con un horario. En un trabajo intercambias tiempo por dinero; no se te está contratando para que ejecutes una tarea sino para que regales tiempo de tu vida a cambio de un mísero sueldo.

No sé cómo te hace sentir eso, pero a mi me hace sentir fatal.

Cuando tú compras algo, el instrumento es el dinero, pero en realidad estás comprando con el tiempo de tu vida. La cosa más grande que tienes es que estás vivo. – José Mújica

¿Sabías que existen formas de ganar dinero las 24 horas del día sin necesidad de tu intervención? Se llaman ingresos pasivos, luego hablaremos de ello.

Experiencia limitada

Se cree que el trabajo, por malo que sea, aporta experiencia, pero esa experiencia es limitada. Realmente son pocos los trabajos que aportan verdadera y valiosa experiencia más allá de los primeros 3 o 4 meses.

Lo que suele suceder (con bastante frecuencia) es que el empleado comienza motivado esa primera etapa en su nuevo trabajo, pero esa motivación se va perdiendo poco a poco y a medida que comprueba que sus labores en él se repiten diariamente sin aprender nada nuevo.

Así pues, tenemos que la experiencia ganada en un trabajo convencional es limitada, y se reduce a esas primeras semanas de trabajo en las que realmente sentimos que estamos aprendiendo cosas nuevas. Pasadas esas primeras semanas de aprendizaje pasamos a la rutina, al hastío, al estancamiento y a empezar a odiar nuestro trabajo.

Domesticación de por vida

Has de cumplir lo que diga el jefe, aún cuando eso vaya en contra de tus ideales, tu ética y tus valores. Quien protesta se va a la calle; nadie se atreve a alzar la voz o a llevar la contraria. El trabajo hace de ti un cobarde.

Eso por no hablar de cuando has de suplicar para que te concedan las vacaciones en las fechas que tú quieres, tener que pedir permiso incluso para mear, normas de vestimenta, justificación de todas y cada una de las ausencias…

El trabajo es una forma de esclavitud sofisticada, y a medida que más consumimos y endeudamos nos convertimos en más esclavos de él.

Falsa sensación de seguridad

La mayor parte de los empleados de todo el mundo creen que un trabajo por cuenta ajena ofrece más seguridad que el emprendimiento, pero es solo una falsa ilusión.

Ponerte en un situación donde con sólo dos palabras -estás despedido- dejas de obtener ingresos no suena como algo que ofrezca demasiada seguridad. Tener una única fuente de ingresos tampoco parece mucho más seguro que tener diez.

No existe seguridad cuando algo escapa a tu control, y se ha comprobado con la crisis económica que hemos atravesado: un contrato indefinido ha dejado de ser un contrato de por vida.

Escasa vida social

El trabajo se convierte para muchos empleados en su primer escaparate para las relaciones sociales. Cada día ven las mismas caras y se relacionan con el mismo tipo de personas.

Es de esta forma como tus compañeros de trabajo se convierten en tu nueva familia y cada vez haces menos amigos fuera del trabajo. Tu círculo de amistades se reduce, y sin darte cuenta permaneces más y más tiempo en tu zona de confort, donde todo es seguro y nadie puede hacerte daño.

Esperar a jubilarte para empezar a vivir

Este punto no lo menciona Steve en su artículo, pero sí otros autores.

Pensamos en la jubilación como ese momento en el que por fin podremos vivir sin trabajar y dedicarnos a viajar o practicar nuestros hobbies. La simple idea me resulta enfermiza.

No sé tú, pero yo no quiero esperar a tener 65 años para viajar y hacer lo que me gusta, principalmente porque todo eso quiero hacerlo ahora, cuando soy joven, cuando aún tengo curiosidad y cuando dispongo de la energía necesaria para hacerlo.

¿Sabes lo que dice la gente antes de morir?

  • Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida siendo fiel a mis sueños, no a la vida que otros esperaban de mí
  • Desearía no haber trabajo tan duro
  • Ojalá hubiera sido capaz de expresar mis sentimientos
  • Ojalá me hubiera quedado en contacto con mis amigos
  • Me gustaría haber sido más feliz

Lo cierto es que no me gustaría llegar a ese momento, mirar atrás y darme cuenta que mi vida ha sido una mierda. Y lucho cada día de mi vida desde hace años para evitar que eso ocurra.

Cómo vivir sin trabajar

¿Qué alternativas hay al trabajo? Para mí, existen dos vías factibles de vivir sin trabajar, y no tienen nada que ver con jugar a la lotería.

  • Trabajar en lo que te apasiona: He escrito mucho sobre este tema, pues es lo que ha ocupado gran parte de mis pensamientos durante muchos años de mi vida. La pregunta que rondaba mi cabeza era “¿cómo demonios puedo ganarme bien la vida, dedicándome a cosas que me apasionan y sin tener que trabajar como un esclavo haciéndolas?”. Después de probarlo, me he dado cuenta que erraba en la pregunta: cuando uno trabaja en lo que le gusta no está trabajando, está disfrutando.
  • Generar ingresos pasivos: La forma habitual de ganar dinero para los nuevos ricos. La idea es crear un activo que genere ingresos pasivos a lo largo del tiempo. Así, del trabajo realizado una sola vez se derivan ingresos para toda la vida.

Cómo descubrir tu vocación para dedicarte a lo que te apasiona

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No me imagino toda una vida en un trabajo que odio. La sola idea me provoca náuseas. La vida es demasiado grande para malgastarla de esa manera.

En el campo de la seducción se formula a menudo una pregunta: ¿Ligas cuando puedes o cuando quieres? En el plano laboral podríamos preguntar algo similar: ¿Trabajas de lo que puedes o de lo que quieres?

Se discute y se seguirá discutiendo mucho acerca de este tema. Hay dos polos opuestos que monopolizan este debate: por un lado, están los que aseguran que es imposible que todos trabajemos de lo que nos gusta. -¿Quien haría los trabajos indeseables?- se preguntan.

En el lado opuesto, están los idealistas que sí creen que todos debemos perseguir nuestros sueños y dedicarnos a nuestras pasiones.

La verdad, como en todo, suele estar en el punto medio. Es posible dedicarse a lo que te gusta y ganarte la vida haciéndolo. Hoy más que nunca.

¿Qué es la vocación?

Cuando decimos que alguien tiene vocación de hacer algo queremos expresar que esa persona está hecha para ese trabajo, lo lleva en su ADN y reúne la habilidad y la pasión necesarias para llevarlo a cabo.

Una vocación es algo que puede permanecer oculto en muchísimas personas, que por un motivo u otro no saben muy bien cuál es la suya. Quizás también suceda que una persona sienta que tiene demasiadas pasiones como para decantarse por una sola de ellas, con lo cual la elección se antoja difícil.

Lo más importante en este sentido es, antes que nada, diferenciar entre pasión y aficiones. Un ejemplo rápido: yo puedo ser un gran aficionado al fútbol, pero desde luego no es mi principal pasión.

A su vez, muchas veces creemos sentir pasión por algo, pero pasado un tiempo la vamos perdiendo progresivamente. Sucede con el amor y sucede con la vida en general, y es por ello que es recomendable probar a trabajar en tus pasiones para descubrir si realmente lo son o no.

En su blog, David Cantone habla de tres elementos indispensables para descubrir tu vocación: la demanda, el talento y la pasión.

En este diagrama de Venn he intentado resumir de la manera más gráfica posible el equilibrio que ha de mantener tu vocación entre el nivel de pasión que despierte en ti, el talento que tengas para desarrollarla y la demanda de mercado existente para poder ganarte la vida con ello.

diagrama de venn - vocación

El elemento

Siempre recordaré la anécdota que explica Ken Robinson en su ya mítica charla de TED, y que llevaba por título “Las escuelas matan la creatividad”.

En esta charla, Ken explica la historia de Gillian Lynne, una coreógrafa conocida en todo el mundo. Gillian tuvo problemas en la escuela, pues no podía concentrarse en clase y estaba siempre inquieta. Los profesores le dijeron a su madre que Gillian podía sufrir un trastorno de aprendizaje, y que lo mejor para ella sería visitar a un especialista para que la tratara. La madre de Gillian así lo hizo.

Una vez en la consulta del especialista, Gillian se sentó en la silla, mientras el doctor y su madre discutían acerca del problema de la niña, que por entonces tenía tan solo ocho años. Al terminar de hablar, el doctor se acercó a Gillian y le dijo que su madre y él debían hablar en privado, y que por favor les esperara allí.

El doctor encendió la radio antes de salir de la habitación, y le dijo a la madre que se quedara fuera y observara a su hija. Gillian, sin saber que la estaban observando, se levantó de la silla y empezó a bailar al son de la música.

El diagnóstico del especialista fue el siguiente: “Señora Lynne, Gillian no está enferma, es una bailarina. Llévela a una escuela de danza.”

La madre de Gillian apuntó a la niña a una escuela de danza. Gillian vivió una época maravillosa, en la que conoció a gente como ella, gente que necesitaba moverse para pensar. Gillian audicionó para el Royal Ballet School, se convirtió en solista, se labró una exitosa carrera en el Royal Ballet, y acabó fundando su propia compañía, la Gillian Lynne Dance Company, responsable de algunas de las más exitosas obras de teatro y danza de la historia.

Ahora imagínate qué habría sido de Gillian si, aquel doctor que la trató y su madre, no hubiesen tenido la sensibilidad necesaria para comprender que aquella niña lo que necesitaba era expresarse a través del movimiento.

Ken Robinson llama a esto “El elemento“. En el libro que lleva el mismo nombre, Robinson incide en la idea de que el talento y la pasión son las dos coordenadas que deben guiar nuestro camino.

Pero la pasión y el talento no son fáciles de descubrir. Muchas personas viven vidas enteras creyendo que no poseen talento alguno ni pasión por nada concreto. Robinson cree -y yo estoy de acuerdo- que es imposible que alguien no tenga talento ni pasión por algo, y que tan sólo se trata de descubrirlos.

Si tú también crees que no posees un talento especial o que no sientes pasión por algo, estás obligado a experimentar cuantas más cosas mejor. Robinson afirma que los recursos humanos son como los recursos de la Tierra: están ocultos bajo la superficie y has de excavar hasta el fondo para encontrarlos, pero ten la certeza de que están en alguna parte.

Por otro lado, ¿qué ocurre si tu pasión es algo en lo que no eres bueno haciéndolo? Robinson plantea que es posible encontrar “el elemento” buscando pasiones secundarias o mejorando las habilidades necesarias para adquirir el talento. Sea como fuere, lo que sea que elijas debe estar motivado por el apasionamiento; si uno logra trabajar en lo que le gusta, a la larga se siente como si no estuviese trabajando realmente.

En cualquier caso, la búsqueda de tu elemento requiere acción por tu parte. En muy pocos casos uno se levanta un buen día y de repente y como por arte de gracia descubre lo que quiere hacer con su vida.

Uno no puede descubrir este tipo de cosas viendo la tele o jugando al ordenador. Has de salir de tu zona de confort, plantear retos contigo mismo y buscar tus límites en lugares donde nunca lo habías hecho anteriormente.

Una ayuda extra

Existe una herramienta muy útil en Internet, y que puede ayudarte a la hora de identificar y descubrir tu vocación. Se trata de la página web sokanu.com, donde podrás realizar un amplio test que tratará de encontrar la profesión más alineada con el tipo de respuestas que des.

Otra opción es la página orientacionvocacional.com, cuyo test está basado en la tesis de Holland sobre la vocación y los distintos tipos de personalidades.

Odio mi trabajo. ¿Qué hago?

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Hoy es solo un día más en la oficina. Totalmente prescindible. Olvidable. Sí, odio mi trabajo.

Cada nuevo día que pasa es así. Repites las mismas tareas y ves a la misma gente. Coges el metro siempre a la misma hora, pasas el Excel que tu jefe te ha pedido con datos que ni siquiera te importan, le ríes las gracias a tu compañero de trabajo, coges el último tren escopeteado para volver a casa, asqueado de la vida que llevas y preguntándote a ti mismo qué demonios ha pasado para que tu vida haya acabado siendo así.

¿En qué momento se torció todo? Antaño fuiste un joven con ambición, hambre, espíritu alegre, vitalista. Soñaste con hacer grandes cosas, con vivir una vida grande y apasionante, y sin embargo vives una vida mediocre.

Tus días son redundantes, cíclicos. Se repiten como una canción en bucle, como un disco rayado. Pasan en ellos muchas cosas, pero de la mitad ni te acuerdas, y ya ni siquiera te importa.

¿Cómo demonios he llegado hasta aquí? ¿Por qué he permitido que me pase esto?

Por qué odias tu trabajo

Durante muchos, muchos años, he trabajado en empleos que detestaba, y he visto también a mi alrededor a amigos y familiares sufrir estrés, depresiones y la ansiedad del que despierta cada día angustiado porque siente que nada de lo que hace tiene sentido.

Cuando los supuestos expertos hablan de índices de satisfacción laboral lo hacen analizando muchos aspectos como el ambiente de trabajo, compañerismo, conciliación laboral y diversas patrañas. Al final, la satisfacción laboral se reduce a una única cosa: si te gusta lo que haces en tu trabajo o no.

Nuestro caduco y obsoleto sistema educativo tiene gran parte de culpa. Diseñado desde los tiempos de la revolución industrial para formar peones antes que ciudadanos, la educación ajusta su diseño curricular a la demanda existente de puestos de trabajo.

Así pues, cuando teníamos que escoger una carrera escogíamos las más típicas, las que se suponía que daban acceso a los puestos de trabajo de mayor remuneración y estabilidad. A su vez, la escuela no nos dio ninguna herramienta para identificar nuestras pasiones y desarrollar nuestras habilidades.

Así, muchas personas iniciamos en su momento nuestra andadura profesional sin tener en cuenta que el trabajo ocupa más de un tercio de nuestra vida, y eso es mucho tiempo.

Tampoco nadie nos habló de la importancia de diseñar un estilo de vida acorde a nuestros deseos, por lo que hemos comprado el modelo de vida que todo el mundo sigue como ovejas: estudia, trabaja, cásate, ten hijos, cómprate un coche, cómprate una casa.

Este ideal de vida modélico consiste en consumir y endeudarnos hasta las cejas, y por lo tanto debemos seguir trabajando en empleos que muchas veces odiamos porque alguien tiene que costear ese ritmo de vida frenético, en el que si no tienes un coche o no tienes el último iPhone eres un deshecho social.

La cultura popular juzga a quien decide trabajar menos para ser más libre, mientras que apoya al que decide ahogarse en un mar de deudas y se ve obligado a aceptar trabajos basura con los que auto humillarse.

Esta idea demencial e hipócrita forma parte del culto al trabajo, una idea perniciosa que aún convive con nosotros y que forma parte de algo mucho más grande, la estructura social y económica que configuró el capitalismo y que algunos han comenzado a catalogar como el “viejo paradigma”.

La rueda

Quienes siguen anclados en ese viejo paradigma están atrapados en lo que a mí me gusta llamar “la rueda”.

Imagina una de esas ruedas que se instalan en las jaulas para que los hamsters hagan ejercicio en espacios reducidos. Una vez echas a correr en una de ellas cuesta detenerlas por la inercia que ya se ha cogido.

Para detener una inercia se requiere de un extra de voluntad. No tiene ningún misterio: basta con echarse a un lado y la rueda reducirá su movimiento progresivamente hasta detenerse por completo. Pero para ello hace falta tener la voluntad de hacerlo. Tu voluntad.

Así pues, cuando alguien odia su trabajo tiene dos opciones: hacer algo para cambiar su situación o conformarse con seguir viviendo una vida mediocre.

La inmensa mayoría de las personas elegimos la segunda opción; es mucha más cómoda, no ocasiona problemas con nadie y nos ahorra el sufrimiento de tener que remover nuestras vidas de arriba a abajo.

odio mi trabajo - la inercia

Así es como gente maravillosa, repleta de talento y extremadamente sensibles e inteligentes vagan por la vida como sombras andantes, abandonados en una deriva emocional, laboral y vital donde la rutina se apodera de todo, inclusive nuestro tiempo de ocio o disfrute, aniquilando todo rastro de ambición, creatividad y talento.

Esta deriva es la culpable de que te sientas tan mal contigo mismo: es esa sensación cuando llega el final del día y sientes que no has hecho nada, aunque en realidad no hayas parado de hacer cosas.

El problema es que las has hecho en modo autómata, por lo que se genera una sensación extraña en tu cuerpo, como si el que hubiera hecho todas esas cosas fuese otra persona y tú hubieses sido un mero espectador.

Esto es lo que se llama, ni más ni menos, perder el control de tu vida.

La importancia de un contexto

Tim Ferris hablaba en su libro “La semana laboral de 4 horas” del concepto trabajar por trabajar, refiriéndose a todas esas personas que trabajan por inercia, sin saber muy bien los motivos por los que lo hacen.

Cuando hacemos algo por obligación, y sin estar seguros de si eso servirá para algo, se realiza un desajuste entre lo que pensamos y lo que hacemos. Nos traicionamos a nosotros mismos.

Si eso te pasa a ti también es por este motivo: tu vida no tiene un contexto que justifique el por qué haces lo que haces. Necesitas motivaciones que apoyen tus acciones.

Generalmente, encontrar un contexto tiene mucho que ver con descubrir qué es lo que quieres hacer con tu vida. Descubrirlo no es tarea fácil: excesivos compromisos, miedo al cambio, miedo al qué dirán, inercia por exceso de rutina y acomodamiento nuestra zona de confort.

Sin embargo, el problema es mucho más profundo. Cuando afirmamos que no sabemos qué hacer con nuestra vida formulamos la pregunta entre dos opciones, cuando existe también una tercera y una cuarta.

No sabemos si estudiar una determinada carrera u otra, entre aceptar este trabajo u ese otro, entre escoger como pareja a una persona que nos ofrece seguridad o esa otra más inestable pero que nos vuelve locos.

Seguimos errando en el planteamiento, porque lo que estamos haciendo es reducir nuestro abanico de posibilidades en nuestro mundo de confort y seguridad, obligándonos a hacer las preguntas equivocadas y obteniendo, por consiguiente, las respuestas erróneas.

El primer paso es formular las preguntas correctas: el problema no es escoger entre estudiar una carrera o la otra, el problema es no saber si es conveniente para tu propósito estudiar una carrera o no.

La vida es enorme, y está llena de posibilidades. Con ella puedes hacer lo que te dé la gana. Así pues, deja de insistir en los dogmas del antiguo paradigma y abre la mente a otras posibilidades.

Haz lo siguiente: trata de imaginar cómo quieres ser dentro de 10 años, respondiendo estas cuatro preguntas:

  1. ¿Qué te gustaría estar haciendo?
  2. ¿De quién quieres estar rodeado?
  3. ¿Dónde te gustaría estar viviendo?
  4. ¿Qué tipo de persona quieres ser?

La única condición para responder estas cuatro cuestiones es que limpies tu mirada de prejuicios, pretextos y condicionamientos sociales, dejando un único lugar en tu pensamiento a la sinceridad más absoluta.

Si las respondes con total sinceridad puede que te acabes dando cuenta que nada de lo que haces en tu día a día está alineado con tus anhelos y deseos.

El nuevo paradigma laboral

Se está produciendo, poco a poco y sin hacer mucho ruido, un cambio en la manera de entender el trabajo. Un ejército de personas -por ahora reducido- que han entendido que ya no es suficiente con trabajar por trabajar para ser feliz, sino que hay algo más. El paradigma está cambiando.

Antiguamente, las personas suficiente tenían con sobrevivir a las duras condiciones de todo tipo que tenían que afrontar a diario. Antes no se planteaba la posibilidad de trabajar haciendo lo que te gusta, simplemente porque no había esa posibilidad. Actualmente sí podemos plantearnos esta cuestión, afortunadamente.

Sociólogos y neurólogos se están preocupando de explicar a nuestras generaciones y las futuras el tremendo impacto que causa el desempeño del trabajo con nuestra felicidad. Eduard Punset o Ken Robinson son solo algunos de ellos.

Otros como Leo Bornams, autor del Best Seller “The World Book of Happiness”, se desliga del antiguo paradigma laboral, atreviéndose a afirmar que la economía occidental está pasando de ser una economía monetaria a una economía de la satisfacción personal.

Esto, en otras palabras, vendría a decir que las personas, contrariamente a como habían hecho generaciones anteriores, empezamos a valorar con mayor importancia nuestro bienestar y nuestra felicidad, antes que el simple hecho de ganar mucho dinero.

Gracias a este fantástico artículo de Juan Núñez conocí el libro “Cómo encontrar un trabajo satisfactorio“. En él, Roman Krzanaric ofrece algunas claves sobre la búsqueda de un empleo que nos haga sentir realizados.

A modo de resumen y a grandes rasgos, Roman habla de tres elementos esenciales:

  • Sentido: un trabajo satisfactorio debe tener sentido para nosotros. Para Roman, el sentido viene dado por una serie de motivaciones que, en función de cada uno, pueden ser ordenadas de mayor a menos importancia: la motivación de la seguridad (ganar dinero), la motivación de trascendencia (que nuestro trabajo influya en los demás), la motivación del estatus (ganar admiración y respeto), la motivación del disfrute personal (pasión) y la motivación de saber lo que se nos da bien (talento). 
  • Flujo: el concepto de flujo es difícil de definir. Piensa en ello como el curso de agua de un río. El agua fluye con naturalidad a través de las rocas, las ramas, los arbustos y los obstáculos. La vida fluye cuando todo lo que hacemos está alineado con nuestro pensamiento, y con el trabajo pasa exactamente lo mismo. La experiencia de fluir nos mantiene tan absorbidos y tan apasionados en lo que hacemos que, de repente, lo superfluo y lo ridículo deja de importar.
  • Libertad: a nadie le gusta sentirse un robot, una pieza de una cadena de montaje. La aspiración de la mayoría de trabajadores en el mundo entero es dejar de ser autómatas al servicio de sus jefes y tener el poder de decisión para no tener que rogarle a nadie, suplicar por sus derechos o tener que dar explicaciones. Quizás la vía más directa para conseguir la libertad en el trabajo sea fabricar tú mismo tu propio trabajo; emprender.