Grecia es un país que llevaba ya algunos años con ganas de visitarlo. No solo por su papel en la historia de la humanidad sino por todo lo que había leído sobre sus playas, su comida y su gente. Cuando yo y mi amigo Pablo planteamos la idea de hacer un viaje este verano yo tuve claro que Grecia era mi destino favorito. Pablo apostaba por Bulgaria, pero finalmente le convencí.

Pablo me convenció a mí, por otra parte, de hacer el viaje algo improvisado, sin billete de regreso y sin reservar alojamientos. Como ambos tenemos libertad para irnos de viaje cuando queramos y el tiempo que queramos, decidimos comprar únicamente el vuelo de ida, y reservar únicamente las dos primeras noches en Atenas. A partir de ahí, iríamos viendo sobre la marcha donde nos apetecería ir y donde pasar la noche.

No tuvimos problemas con eso, aún siendo verano, y encontramos alojamientos libres y baratos en todos los pueblos y ciudades a los que fuimos. No sabíamos muy bien donde iríamos y lo que veríamos, aunque yo sí tenía señalados algunos destinos fijos: tenía muy claro que quería visitar Meteora al atardecer, que quería ir a Santorini y que quería ir a Creta. A partir de ahí, sobre la marcha, en función de lo que nos apeteciera y dejándonos también aconsejar por los locales.

Grecia es realmente un país que vale la pena visitar. La mayoría de los griegos son gente amable y abierta, y tienen un carácter parecido al nuestro, en el sentido que llevan una vida relajada, sin mucho estrés. También tiene parajes naturales de una gran belleza, playas increíbles que están entre las mejores del Mediterráneo, pero también zonas de montaña. Por supuesto, también yacimientos arqueológicos, destacando por encima de todos el Acrópolis de Atenas, que es verdaderamente impresionante.

He apreciado también que Grecia se ha vuelto a poner de moda. Hemos visto mucho turista español y me he encontrado con mucha gente que también ha ido a visitarla este verano. El país se está rehaciendo poco a poco de una crisis que ha sido especialmente cruel con ellos. Los hoteles son algo más baratos que en España, y los restaurantes son, de media, un 50% más baratos que en España. Se puede comer muy bien en Grecia, y por menos dinero que en España. El resto de servicios, como alquiler de coche o transporte público, cuestan lo mismo que en España, y algo que sí es más caro en Grecia es la gasolina, con unos 30 céntimos por litro más cara que en España.

Partimos de Barcelona el 28 de Junio, en un vuelo de Aegean Airlines que salía de El Prat a la 1:30 y que llegaría a Atenas a las 5:30 hora local. Así pues, en Atenas es donde comenzó nuestro viaje.

Atenas

Llegamos a Atenas con la idea que la mayoría tienen de esta ciudad, que es la de pasar el menor tiempo posible en ella, por lo que solo habíamos reservado dos noches. Lo cierto es que Atenas es una ciudad más interesante de lo que parece a simple vista. Es verdad lo que se comenta que es una ciudad caótica y con un aspecto algo decadente, pero también es acogedora a su manera.

Nos alojamos en el Lozanni, un cuchitril que deja mucho que desear en cuanto a condiciones de higiene y salubridad, y que además está ubicado en un barrio lleno de drogadictos y prostitutas, así que nuestra primera toma de contacto no fue la mejor. Tras descansar un poco del vuelo y dejar las maletas en la habitación nos fuimos paseando hacia el centro de la ciudad, y conforme nos acercábamos al centro la ciudad iba mostrando cada vez más su mejor cara.

Lo mejor de Atenas son los barrios de Monastiraki y Plaka, ambos situados bajo la dominante figura de la Acrópolis. Son barrios muy turísticos, pero con mucho encanto. Monastiraki es un algo así como el barrio comercial de Atenas, y está repleto de tiendas y también restaurantes, además de un mercadillo muy al estilo de los zocos árabes. Por su parte, Plaka es el barrio más antiguo de Atenas, y se caracteriza por sus callejuelas estrechas, repletas de restaurantes de comida griega que están siempre a rebosar de turistas.

A pesar de la masificación turística, como ya digo, son barrios con mucho encanto, y es un placer pasear por ellos. Algo que llama mucho la atención de Atenas, y de Grecia en general, es ver a los locales tomando café en las terrazas de los bares. Leí en alguna guía que tomar café era el deporte favorito de los griegos y es tal cual, y además lo hacen a cualquier hora del día.

El primer monumento que visitamos fue el estadio Panathinaikó. Lo encontramos de casualidad mientras callejeábamos, y a mi amigo Pablo le impactó muchísimo ver semejante mamotreto en medio de la ciudad. Este estadio fue sede de la primera edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1986, y tiene la particularidad de estar construido completamente de mármol, además de haber sido reconstruido sobre los restos de otro estadio, uno de los más antiguos del mundo.

Viaje a Grecia: Estadio Panathinaiko

Hay que reconocerle a Pablo que tenía razón, y valió la pena pagar la entrada y la audioguía para verlo por dentro y saber algo más de su historia. El estadio es espectacular arquitectónicamente, pero también lo es imaginar cómo debe ser este estadio cuando se celebran eventos y está a rebosar de gente. De hecho, se han celebrado conciertos (aquí ha tocado Bob Dylan, Tina Turner y Depeche Mode), pero también competiciones deportivas, como la final de la maratón de los Juegos de Atenas en 2004.

Aquella misma tarde hicimos un Free Tour en español, un recorrido que nos llevó durante 3 horas por el arco de Adriano, el templo de Zeus, el estadio Panathinaikó (que ya habíamos visitado nosotros), la casa del presidente y el primer ministro de Grecia, la plaza Sintagma y el parlamento griego, con el famoso cambio de guardia de los Evzones.

Terminado el Free Tour nos fuimos a la colina de Filopappos, un punto con unas vistas maravillosas de la Acrópolis, y que de noche es realmente espectacular. Acabamos la noche en uno de los muchos restaurantes de Plaka, con música en directo y gente bailando, en el ambiente más puramente griego que uno se pueda imaginar.

Viaje a Grecia: La Acrópolis desde Filopappos

Al día siguiente ya fue hora de visitar la Acrópolis. He de decir que no iba con muchas expectactivas porque no soy muy de visitar ruinas, y tenía miedo de que estuviera plagada de turistas. Lo cierto es que a la hora a la que fuimos, sobre las 6 de la tarde, no había tanta gente, y la Acrópolis me impresionó mucho más de lo que esperaba.

Situada en lo alto de una colina justo en el centro de la ciudad, la Acrópolis cumplía con una función defensiva y de culto, con varios templos dedicados a dioses griegos. Es sabido por todos que es uno de los monumentos más visitados del mundo, y después de visitarla puedo decir que con razón. Ya la entrada a los Propíleos es espectacular, y tanto yo como Pablo coincidimos en que es precisamente lo mejor de la Acrópolis. Es de una magnificiencia que corta el aliento, y desde el punto de vista más técnico de un arquitecto como Pablo, es una lección  grandiosa de arquitectura.

Viaje a Grecia: Propileos de la Acrópolis

El Partenón es también impresionante. Es una lástima el estado semi-ruinoso en el que se encuentra, pero aún así es una pasada verlo, y más con esa luz crepuscular del atardecer con la que pudimos disfrutarlo. Sé que suena a tópico, pero realmente se puede sentir el peso de la historia en esas rocas. De todos los monumentos de la era antigua que he podido ver, la Acrópolis es el más impresionante de lejos, un lugar privilegiado y uno de los grandes legados de nuestra historia.

Viaje a Grecia: Partenón

Desde las colinas de la Acrópolis también hay unas buenas vistas del Odeón de Herodes Ático, un teatro acondicionado actualmente para representaciones y actuaciones musicales. El festival de Atenas, de mayo a septiembre, se celebra aquí. La Acrópolis también permite disfrutar de unas vistas impresionantes de toda la ciudad de Atenas.

Viaje a Grecia: Odeón de Herodes Ático

Nos habían recomendado también visitar el Ágora romana, pero no nos quedaba mucho tiempo y pensamos que con la Acrópolis ya teníamos suficientes rocas por unos días, así que cenamos en otro restaurante en el barrio de Plaka y nos fuimos al hotel a descansar, antes de iniciar nuestro road trip por el interior de Grecia.

Interior de Grecia y Peloponeso

Con un coche alquilado en la oficina de Goldcar cercana al aeropuerto iniciamos nuestro viaje de 8 días por el interior de Grecia. Hay que decir que todo lo que se dice sobre la conducción de los griegos es cierto: están muy grillados, no respetan los límites de velocidad y siguen una máxima: yo paso, y los demás que se aguanten. Además, tienen la costumbre de convertir carreteras de dos carriles en cuatro carriles, ya que usan el arcén como un carril derecho y dejan el centro de la vía para que otros coches adelanten. En definitiva, un desastre, pero en un par de días le coges hasta la gracia y te acostumbras, y acabas conduciendo como ellos. Si vas atento y con mil ojos puestos en la carretera, no tiene por qué pasar nada.

Nuestro primer destino era Meteora. Desde que vi un reportaje fotográfico en una revista hace muchos años que quería visitar Meteora. Se trata de un conjunto de monasterios ortodoxos edificados encima de montículos rocosos. Son un total de 6 monasterios, y el conjunto está declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Viaje a Grecia: Meteora

Para visitar Meteora se puede seguir un recorrido por carretera de unos 17 km, e ir parando en cada uno de los monasterios. El lugar es verdaderamente impresionante, y cuesta encontrarle explicación al por qué decidieron construir esos monasterios en un lugar tan inaccesible. Imagino que por recogimiento espiritual. Pablo definió el lugar como muy espiritual y estoy de acuerdo, aunque no seas religioso Meteora transmite paz y conecta con tu lado más espiritual.

Pero lo mejor de Meteora es su atardecer, conocido como uno de los más bonitos del mundo. Todas las guías recomienda el mirador de la conocida como Sunset Rock, pero nosotros paramos en un mirador que hay antes, con vistas a todo el valle y al monasterio de San Nicolás. El atardecer que pudimos disfrutar allí es uno de los momentos cumbre del viaje y un recuerdo que me llevo para toda la vida. La vista era simplemente acojonante, la paz que se respiraba nos dejó sin aliento y la luz del atardecer era realmente gloriosa. Las fotos no le hacen justicia a la belleza del momento.

Viaje a Grecia: Atardecer en Meteora

Viaje a Grecia: Atardecer en Meteora

Nos alojamos en el Guesthouse Arsenis, un hostal cercano a la carretera que lleva a los monasterios. El lugar es escantador, limpio y cómodo, pero el dueño es un ser insufrible, extremadamente pesado y maleducado, así que os recomiendo que os lo penséis dos veces antes de alojaros ahí, y si lo hacéis, id con la disposición de decirle que nos os interesan sus opiniones sobre el Barça, Madrid o la política española y que os deje en paz.

El siguiente punto en la ruta era el pequeño pueblod e montaña de Monodendri, pero de camino paramos a comer y dar un paseo improvisado en Ionanina, una encantadora ciudad al borde de un lago, y por lo que se ve es un destino familiar y frecuentado por los griegos. Ya en Monodendri dejamos las maletas y descansamos un rato en el hotel Ladias, un hotel muy confortable y limpio y regentado por una gente muy maja que nos dejó ver el lamentable partido que se cascó España contra Rusia.

Tras el partido cogimos el coche y nos fuimos a uno de los miradores que hay de la garganta de Vikos, una de las gargantas más profundas del mundo (según el libro Guiness la más profunda, con un ratio de profundidad y anchura de 900 metros). La idea era hacer al día siguiente una ruta por la garganta, pero nos confundimos al tomar uno de los múltiples desvíos que hay en el camino y no pudimos hacerla entera, así que tuvimos que volver a Monodendri al mediodía.

Viaje a Grecia: Garganta de Vikos

No sabíamos por donde proseguir la ruta, y es que contemplábamos la posibilidad de ir a la isla de Corfú, o bien tirar ya hacia el sur en dirección al Peloponeso. Optamos por esta segunda opción y acabamos haciendo noche en Lefkada, una pequeña islita accesible por carretera. Ni Pablo ni yo habíamos oído hablar antes de Lefkada, pero fue todo un acierto. Es una isla encantadora, de ambiente muy relajado, con un aire algo hippie incluso. Fuimos a contemplar el atardecer en la playa de Vasiliki, en el extremo sur de la isla, y cenamos en un restaurante increíble llamado Batzanakias, donde comimos unos platos con pasta y carne deliciosos y por poco dinero.

Al día siguiente nos armamos de paciencia e hicimos un largo viaje ya a través del Peloponeso hasta Olimpia. Allí visitamos las ruinas de lo que fue la sede de los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia. La verdad es que el lugar no nos impresionó, ya que el estado es ruinoso y solo se ven piedras en el suelo y alguna que otra columna o edificio apenas sostenido por cuatro paredes. A no ser que seas arqueólogo o historiador y le eches mucha imaginación, es un lugar prescindible. Lo que sí disfrutamos un montón fue la dorada que nos prepararon en la Taverna Orestis, sin exagerar el mejor plato de pescado que he comido en mi vida.

Viaje a Grecia: Taverna Orestis

Tuvimos suerte alojándonos en el Mellia Rooms, un Guest House donde no había nadie, así que teníamos la casa para nosotros solos. La villa que se ha edificado en torno a las ruinas de Olimpia es muy tranquila a pesar de ser turística, y la verdad es que pasamos una tarde-noche muy tranquilos y relajados.

Al día siguiente no sabíamos para donde tirar. Tras la experiencia de Olimpia teníamos claro que no queríamos más ruinas por el momento, así que descartamos ir a Delfos y optamos por ir a la playa, que ya tocaba. Así pues, reseguimos la costa del Peloponeso rumbo suroeste, hacia la playa de Voidokilia, una de las más conocidas del Peloponeso. Es una playa preciosa, ubicada en una especie de bahía muy pequeña, con una arena finísima y un agua cristalina. Días más tarde me enteré que por allí estaba Cristiano Ronaldo de vacaciones, en un complejo cercano llamado Costa Navarino.

De camino paramos en Marathopoli, otro pueblo encantador “typical Peloponeso”, con un montón de restaurantes donde se come de lujo por poco dinero, donde te atienden estupendamente y donde no había mucho turista. Una cosa que me sorprendió del Peloponeso es que había mucho menos turismo de lo que me imaginaba, y el que había era, sobre todo, local. Algo me dice que el turismo extranjero se concentra en las islas griegas y pasa del Peloponeso, y es una pena porque se están perdiendo un lugar lleno de encanto y repleto de pequeñas calas y playas que no tienen nada que envidiar a las mejores de las islas griegas. Un ejemplo de esto que digo lo tienes en esta foto que me echó Pablo, donde me puedes ver a mí tumbado en un bar tomando un café a las 4 de la tarde. Como ves, el bar estaba vacío y solo estábamos nosotros, algo impensable en cualquier otro lugar de Grecia.

Viaje a Grecia: Marathopoli

Ya por la tarde cruzamos media península del Peloponeso para ir a Nauplia. Yo era partidario de pasar algún día más por el sur del Peloponeso, pero Pablo me convenció de ir a Nauplia y pasar 3 días allí tranquilamente. Vino bien, porque ya estábamos un poco hartos de tanto coche y de hacer noche cada día en un lugar distinto.

Nauplia es otro de los tesoros escondidos del Peloponeso. Es una ciudad de medio tamaño, que en su momento llegó a ser capital de Grecia pero que ha ido perdiendo importancia política y población. Ahora es casi un pueblo, muy acogedor, con un ambiente muy relajado, con mucho turismo pero de tipo familiar, y con numerosos restaurantes y tiendas que se distribuyen en un pequeño casco antiguo muy bonito y un largo paseo marítimo.

Viaje a Grecia: Nauplia

La primera noche en Nauplia dormimos en un hotel de la ciudad, pero las dos siguientes nos alojamos en los apartamentos Meraki, que tienen una piscina con butacas y un bar al lado, así que pasamos dos días bien relajados. Por supuesto nos dio tiempo de hacer otras cosas, como visitar el teatro de Epidauro.

A Pablo le apetecía mucho ver este teatro, uno de los mejor conservados del mundo y cuya acústica sigue siendo impresionante incluso para los estándares de hoy. Días antes habíamos comprado entradas para ir a una de las obras de teatro que se representan a lo largo de todo el verano. A la llegada, nos sorprendió ver a tantísima gente, turistas pero también griegos, todos muy bien vestidos y arreglados. Se ve que allí las obras que se siguen haciendo en Epidauro son muy populares y son un evento por todo lo alto.

El teatro es una verdadera pasada. Se conserva muy bien, el emplazamiento es una maravilla y la acústica es tan excepcional como se indica en las guías de turismo. En un momento durante la obra, los actores cuchicheaban entre ellos, pero desde los asientos en las gradas más altas se podía escuchar perfectamente sus voces. Realmente prodigioso. Es una pena que la obra resultara tan aburrida, ya que se representaba en griego, y los subtítulos en inglés los ponían en una pantalla en la grada, con lo que resultaba imposible seguir la obra y leer los subtítulos al mismo tiempo. Aún así, valió la pena estar allí por lo increíble que es el lugar.

Viaje a Grecia: Epidauro

Epidauro fue un colofón perfecto a nuestro “road trip” por el interior de Grecia. El día siguiente dejaríamos el Peloponeso para coger un Ferry en el puerto de El Pireo y dirigirnos a Santorini.

Santorini

Santorini era uno de los destinos que llevaba tiempo queriendo visitar. Todos tenemos en mente la típica postal de Santorini, con las casa blancas y tejados azules asomándose a un precipicio que da al mar, con la luz del atardecer dibujando una postal idílica. Esa era la imagen que yo también tenía, pero he de confesar que la isla me decepcionó por completo.

Pasan dos cosas con Santorini: está a reventar de turistas, y la isla es fea de cojones, por qué no decirlo. Se trata de una isla volcánica, donde solo hay rocas, apenas hay vegetación y las playas que tiene son de arena negra y piedras. Es verdad que los pueblos de Oia y Thira son muy bonitos, pero pasear por ellos al mediodía en verano es un suicidio debido al calor, aparte de la cantidad ingente de turistas que hay.

Viaje a Grecia: Oia

La llegada a la isla tampoco hacía presagiar nada bueno. El viaje en Ferry fue estupendo y muy confortable, a pesar de ser un trayecto largo (casi 8 horas), pero llegamos a la 1 de la noche y nos dio por alquilar un coche en una de las “agencias” que operan en el diminuto puerto de Thira. El coche que nos dieron era una tartana de mucho cuidado, que rugía con un sonido infernal cada vez que cambiábamos de marcha, y que dudo que aquí en España pasase ni tan siquiera la ITV. Pero con aquel coche visitamos la isla. Una cosa que debes tener en cuenta si vas a Santorini es que la gasolina es aún más cara que en Grecia. Por suerte la isla es pequeña y no se necesita repostar con frecuencia.

De la isla, los pueblos más bonitos son Thira y Oia, pero como ya digo es tal la cantidad de gente que hay, y es tanto el calor que hace en pleno mes de Julio, que es difícil disfrutar en esas condiciones. Lo que sí me sorprendió fue el pueblo de Imerovigli. En esencia es casi un calco de Oia, con esas casas blancas tan particulares, pero no hay tanta gente, y además reúne varios restaurantes y hoteles de lujo, con piscinas infinitas asomando al precipicio en un ambiente de relax y de lujo absoluto, el típico sitio donde pasarías una luna de miel. El atardecer desde las calles de Imerovigli nos gustó tanto que acabamos repitiendo al día siguiente, parando a cenar en uno de los restaurantes con terraza, y que además no era excesivamente caro.

Viaje a Grecia: Imerovigli

Pudimos ver el faro de Akrotiri y por el camino obtener una vista de la caldera de Santorini, cuya historia es apasionante porque se formó tras una erupción tremenda (se cree que fue la que arrasó la civilización minoica de Creta). Hicimos el intento de visitar la playa roja, pero era tal el colapso de coches y gente que iba a verla que se nos quitaron las ganas y dimos media vuelta inmediatamente. Como alternativa, nos dio por subir en coche hasta el monasterio de Moni Profitou Iliou, en lo alto de la colina más alta de Santorini, pero ni el monasterio ni las vistas de la isla que se tienen desde allí son destacables.

También visitamos la playa de Perivolos, que es de las menos transitadas de la isla, pero el agua está siempre muy revuelta y no es muy apetecible para bañarse. Yéndonos de Perivolos y buscando un restaurante para comer dimos con la taberna de Dimitris, cuyo dueño es un hombre muy peculiar y simpático que nos dio material de sobras para todas las bromas y chascarrillos que hicimos el resto del viaje.

No hay mucho más que contar de Santorini. Aún siendo solo 3 días lo que estuvimos, se nos hizo larga la estancia, así que el resto del tiempo lo pasamos descansando y bañándonos en la piscina del Roula Villa, nuestro hotel. Decidimos que no queríamos visitar ninguna otra isla y que iríamos directamente a Creta. En el Ferry, la isla quiso compensarme de alguna manera mi decepción, regalándome una bonita postal de Oia y Thira, vistas desde la caldera.

Viaje a Grecia: Caldera de Santorini

Creta

Creta fue sin ninguna duda lo mejor del viaje. Esta isla, conocida en la historia por ser la cuna de la primera civilización europea en la Edad del Cobre y del Bronce, es un resumen concentrado de lo mejor de Grecia: playas increíbles, gente super amable, comida deliciosa y un ambiente relajado que te contagia por completo. Nos gustó tanto Creta, que cambiamos nuestra idea inicial de pasar solo 7 días, y al final alargamos la estancia hasta los 10 días.

Creta es una isla bastante grande, por lo que decidimos alquilar coche, aunque nos centramos sobre todo en la parte oeste de la isla, que es donde están la mayoría de sitios de interés. El Ferry nos dejó en Heraklion, y desde allí fuimos hacia Chania, pero haciendo antes una parada en la ciudad de Rétino. Esta ciudad no suele venir destacada en las guías, pero es una ciudad encantadora, con un núcleo urbano de calles estrechas, repletas de restaurantes y comercios de artesanía y productos locales. Vale la pena parar, comer y echar una tarde o una mañana en Rétino.

Chania es muy similar a Rétino. Su núcleo urbano es parecido pero más grande, y más turístico. Aún así, en la ciudad se respira un ambiente muy relajado, las terrazas están repletas de gente tomando café durante el día y unas copas por la noche. El ambiente nocturno en Chania es en mi opinión el más bonito de toda Grecia, con clubes y bares nocturnos donde ponen buena música y donde te encuentras a gente joven pero nada de borracheras, drogas o fiestas hasta las tantas.

Viaje a Grecia: Chania

Nos gustó tanto Chania que decidimos echar el ancla allí: primero, una noche en unos apartamentos en un pueblo cercano, y después 3 días en Villa Achilleas, una casa entera en un pueblo del interior de Creta, en Kissamou, a 30 minutos en coche de Chania. Desde allí visitamos los principales puntos de interés de la zona Oeste de Creta, como la playa de Balos, dos bahías separadas por un brazo de arena, con aguas cristalinas y poco profundas, y eso sí, muchísima gente. No obstante, merece la pena ir, porque la playa es realmente una pasada.

Viaje a Grecia: Balos

Otra playa recomendable es la de Elafonisi, en el extremo suroeste de Creta. Elafonisi es aún más bonita que Balos, y recibe menos gente. Como contrapartida, es una zona donde suele hacer mucho viento, y el agua está más fría que en el norte. A pesar de estos dos factores, echamos una tarde estupenda en Elafonisi.

Viaje a Grecia: Elafonisi Viaje a Grecia: Elafonisi Viaje a Grecia: Elafonisi

Uno de los momentos del viaje lo vivimos en el Grambousa restaurant. La dueña de la Villa Achilleas nos avisó por WhatsApp de que este restaurante celebraba su 12º aniversario, ofreciendo comida gratis y música y bailes en directo. Cuando llegamos allí no esperábamos lo que vimos. El restaurante estaba a rebosar, pero lo que más me impresionó fue la comida. Habían montado tres buffets libre, uno con comida, otro con bebidas y otro con postres. La comida que daban gratis estaba buenísima, no eran aperitivos, era comida tradicional elaborada, y podías comerla en una mesa como cualquier otra persona que hubiese reservado mesa aquella noche. El ambiente era impresionante, lleno de gente de todas las edades cantando y bailando. Fue un momento de felicidad absoluta, un recuerdo imborrable que resume para mí el espíritu de Creta, la amabilidad de sus gentes y ese ambiente de goce y disfrute de la vida que en muy pocos sitios he podido experimentar de una manera tan fuerte.

Otro lugar que hay que visitar en la zona Oeste de Creta es la garganta de Samaria. Es la garganta más larga de Europa, y una ruta a pie te lleva durante 16 km desde lo alto de la garganta hasta la pequeña aldea de pescadores de Agia Roumeli, ya en el mar de Libia. Hacer el recorrido de ida y vuelta es una locura, así que lo que suele hacer la gente es coger un ferry en Agia Roumeli que te lleva hasta Sougia, desde donde parten un montón de autobuses hacia otros puntos de Creta.

Viaje a Grecia: Garganta Samaria

La ruta no es difícil, pero al ser todo el camino de bajada es exigente con las rodillas. Durante el camino hay varias fuentes, pero de todos modos hay que llevar mucha agua en la mochila si es verano, porque el sol aprieta y el calor es por momentos insoportable. No obstante, el paisaje recompensa el esfuerzo, sobre todo en la última parte del recorrido, cuando la garganta se estrecha y llegas a lo que se conoce como las “Puertas de Hierro”.

Viaje a Grecia: Garganta Samaria Viaje a Grecia: Garganta Samaria

Tras 7 días en la zona oeste de Creta decidimos alargar otros 3 días la estancia en la isla, para visitar parte de la zona este. La ruta nos llevó por una carretera que cruza la zona sur de la isla, visitando pueblos como Mátala, Myrtos y Ierapetra, para acabar en Agios Nikolaos. El lugar más destacable en mi opinión fue Agios Nikolaos, un bonito pueblo costero que tiene un lago de agua del mar, y donde alrededor de él se concentran un montón de bares y restaurantes. Uno de ellos es el Karnagio, un restaurante donde sirven una comida buenísima, dentro de una carta muy variada y con precios muy razonables.

Agios Nikolaos fue el final de nuestra ruta por Creta y de nuestro viaje por Grecia. Al día siguiente nos dirigiríamos a Heraklion, desde donde cogeríamos un vuelo hacia Sofía, Bulgaria, aprovechando que los vuelos desde Atenas a Sofía están tirados de precio. Allí pasaríamos 4 días (Pablo algunos más) antes de regresar a Barcelona. Habíamos pasado casi un mes en Grecia y nos despedíamos de ella con tristeza, algo de nostalgia anticipada y con el pensamiento de que volveríamos más pronto que tarde.