Ebenezer Bryce, ganadero mormón que dio nombre a al parque, describió el lugar de la forma más mundana: «Es un lugar muy incómodo para perder una vaca». No era exactamente una oda poética, pero sin duda era honesta.
Si algo caracteriza a Bryce Canyon son sus curiosos hoodoos, chimeneas de roca esculpidas por la acción combinada de la erosión y el paso del tiempo. El agua de lluvia y el hielo han ido desgastando el borde de la meseta de Paunsaugunt Plateau durante millones de años, creando un anfiteatro de formas caprichosas y surrealistas (los famosos hoodoos) que han acabado moldeando una maraña de barrancos, congostos y desfiladeros en los que sería fácil perderse de no ser por los senderos señalizados.
En el nombre de Bryce Canyon hay, pues, el error de denominarlo cañón cuando no lo es: un cañón se forma cuando un río erosiona la roca hacia abajo, excavando un valle profundo entre dos paredes, pero Bryce fue erosionado por el agua de lluvia, el viento y el hielo. Fuera de apreciaciones técnicas, estos hoodoos le confieren a Bryce Canyon un paisaje que, si bien puede que no sea el más espectacular del oeste americano, sí es de los más singulares, y por ello parada frecuente y habitual en todo viaje por los parques nacionales del peste americano.

El trekking, la mejor manera de conocer Bryce Canyon
Bryce Canyon tiene también algo que lo distingue del resto de Parques Nacionales del oeste de EEUU: es un parque muy agradecido para el turista, que permite recorrerlo de forma relajada en coche o de forma activa a través de los muchos senderos que se adentran en el cañón. Además, y aunque muy visitado, reúne mucha menos gente que su vecino Zion o el también cercano Gran Cañón (sobre todo el South Rim). Y su clima es también más benigno que el de estos, circunstancia que viene dada por su altitud (entre los 2100 y 2700 m s. n. m.) y un microclima que hacen de este territorio el más fresco y húmedo de Utah.
El camino a Bryce Canyon amerita por sí sola la visita al Parque, sobre todo si llegas a través de la impresionante Scenic Byway 14, considerada una de las carreteras más bellas de Estados Unidos. La carretera parte de Cedar City y atraviesa la reserva forestal de Dixie y Cedar Canyon, y en mi caso formaba parte del trayecto desde St. George, donde hice noche el día anterior, hasta Bryce Canyon. Esta carretera escénica tiene más que bien merecida su fama; atravesando bosques de coníferas, abetos y álamos que parecen sacados de un cuento de hadas, además de lagos y gargantas de una belleza que me dejó estupefacto en más de una ocasión. De haberlo sabido me habría levantado con más tiempo para haber hecho más paradas a lo largo del trayecto.
El estado de asombro continuó una vez en Bryce Canyon. Por alguna razón que no sé muy bien explicar a posteriori, Bryce Canyon nunca fue de los parques nacionales del oeste americano que más me llamaron la atención, al menos no al mismo nivel que el Gran Cañón, Yosemite o Zion. Sin embargo, Bryce Canyon me acabó sorprendiendo sobremanera. Como suele decirse, es uno de esos lugares mucho más impactante en persona que visto en fotos, pero en el caso de Bryce Canyon esto se hace especialmente patente: las fotos no le acaban de hacer justicia a un Parque Nacional francamente bello y original como ningún otro.

Desde el mirador más cercano al parking del centro de visitantes, que es el de Sunrise Point, los hoodoos abarcan el paisaje allá donde mires, concentrándose por miles en una superfície total de 145 km². Obviamente, la mejor forma de verlos más de cerca es recorriendo los senderos que se adentran por el cañón, siendo el más popular el conocido como Navajo Loop, sendero de 2,2 kilómetros, bastante fácil y accesible para todo tipo de personas, sin grandes desniveles ni complicaciones. El sendero tiene dos ramales: el de Wall Street y el de Two Bridges. La mala suerte quiso que durante mi visita el ramal de Wall Street estuviese cortado, así que no pude pasar por las famosas S del sendero que baja por este lado. Después supe que esta parte del sendero solo abre los meses de verano, pues el resto del año las lluvias y la nieve dificultan el camino y elevan el riesgo de desprendimientos.
El corte en el ramal de Wall Street me obligó a hacer una ruta circular distinta a la planeada: bajar por el lado de Navajo Loop abierta, hasta enganchar con el Peekaboo Loop Trail, subiendo en dirección sur hasta Bryce Point. Desde allí regresaría al parking al lado del centro de visitantes a través del Rim Trail. En total, unos 10 Km con un desnivel muy suave, unos 750 metros acumulados. Lo cierto es que acabé agradeciendo el corte del ramal de Wall Street y el cambio de planes, pues el de Peekaboo es un sendero precioso que te permite ver muy de cerca los hoodoos en todo tipo de formas y colores; valgan como ejemplo las emblemáticas formaciones de las Three Wise Men y Wall of Windows.
Es, además, un sendero poco frecuentado, que hice en su mayor parte en práctica soledad. Caminar en un paisaje tan fascinante como el de Bryce Canyon, alejado de las masas, acabó siendo uno de los mejores recuerdos de mi road trip por la Meseta del Colorado. En realidad, Peekaboo Loop Trail es un circuito de 8,8 km que comienza en Bryce Point, y es uno de los senderos calificados como difíciles por los rangers del parque, aunque si algo descubrí en el viaje es que los rangers son bastante exagerados en su apreciación de la dificultad de los senderos, pues este trekking tampoco entraña dificultad o exigencia física alguna, más allá de su longitud.

Completo la improvisada ruta circular por Bryce Canyon enfilando el Rim Trail una vez llego a Bryce Point. El Rim Trail es el sendero más panorámico de todos y recorre la parte alta del anfiteatro de Bryce, conectando los principales miradores del parque desde Bryce Point hasta Sunrise, cerca del parking del centro de visitantes y punto donde inicié la ruta. En total son 17,7 km, pero el tramo que yo hago, desde Bryce Point hasta Sunset Point, son solo 3,7 Km a través de un cómodo y plano sendero, apto para cualquiera. El mirador que más me gusta en el Rim Trail es el Inspiration Point, aunque es también donde me encuentro mayor gentío (cerca hay otro parking).
Aunque no lo hice, otro sendero muy conocido en el parque es el Queen’s Garden Trail. Con 2,9 km (ida), es considerado uno de los senderos más fáciles para descender al interior del anfiteatro. Parte desde Sunrise Point y te lleva entre algunas de las formaciones rocosas más famosas, como una que -según dicen- recuerda a la Reina Victoria, de ahí su nombre. Combinado con el Navajo Loop, Queen’s Garden forma el circuito más famoso del parque, y lo hace en una curiosa forma de 8. A pesar de que sobre el mapa puede parecer un trekking muy largo, son apenas 4,6 Km, con un desnivel positivo de solo 191 metros y que lleva, como máximo, unas 3 horas.
Te dejo un mapa en el que he señalado la ruta que hice yo, el Navajo Loop Trail completo (recuerda, el tramo de Wall Street solo abierto en verano) y el Queen’s Garden Trail. En el norte del parque hay otro trail más, el Fairyland Loop, mucho más exigente, de 12.6 km y 579 metros de desnivel positivo. Es un sendero mucho menos transitado por su mayor dificultad.

Finalizando la jornada recorriendo la carretera escénica del parque
Un consejo habitual en un viaje por los parques nacionales de la costa oeste es el de madrugar para aprovechar el día al máximo, y Bryce Canyon no es una excepción. Ello me permitió terminar el trekking al mediodía, con tiempo de sobras para dedicar la tarde a recorrer en coche la carretera escénica del parque. Llamada Bryce Canyon Scenic Drive, la carretera se extiende 29 kilómetros (18 millas) desde el centro de visitantes hacia el sur, hasta el mirador de Rainbow Point.
La carretera es menos interesante que hacer cualquiera de los trails, y si se trata de priorizar, sin duda te recomendaría priorizar el trekking, pero la carretera escénica permite recorrer cómodamente en coche los miradores más famosos del parque, cosa impensable en cualquier otro parque nacional del oeste. Esto ya nos dice que, aunque visitado, Bryce Canyon no sufre los problemas de masificación que sí sufren Zion, Yosemite o Grand Canyon.
Son un total de 13 miradores los que se distribuyen a lo largo de la carretera escénica, y cada uno ofrece vistas variadas al anfiteatro natural de Bryce Canyon y sus alrededores. Los más interesantes, bajo mi punto de vista, son Natural Bridge y Ponderosa Canyon. En cualquier caso, da tiempo de sobras a detenerse en todos ellos.
Algunos de estos miradores son también famosos para la fotografía y atraen a profesionales y aficionados tanto al amanecer como al atardecer. Los miradores Sunrise Point y Sunset Point ya nos dan pistas del momento en el que es aconsejable ir para fotografiarlos, y en Sunset Point fueron muchos los fotógrafos apostados ya desde primeras horas de la tarde para coger sitio. Ciertamente, Sunset Point ofrece una vista privilegiada del ocaso, con los últimos hilos de luz descendiendo entre los hoodoos tostados por el sol de todo el día.

Otro mirador, famoso también por su paisaje cuando empieza a caer la noche, es el de Yovimpa Point, justo al final de la carretera escénica. Aquí viene mucha menos gente, pero el paisaje es también menos espectacular que en Sunset Point, lugar que no solo goza de una vista privilegiada, sino que se encuentra cerca del parking y el centro de visitantes.
Bryce Point es otro mirador muy fotogénico a cualquier hora del día, y puedes llegar en coche a través de un pequeño desvío desde la carretera escénica. Recuerda que Bryce Point puede ser también punto de inicio o final del trekking circular de Navajo-Peekaboo-Rim Trail, aunque el parking es mucho más pequeño y deberás madrugar si quieres asegurarte sitio en él.



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